No hay proyecto estándar: Todas las empresas requieren una adaptación a sistemas y tecnologías ya existentes, además de los procesos y formas de hacer las cosas. La reunión inicial de toma de datos con todos los integrantes es fundamental. Si hace falta, incluso lo recomiendo, es realizar dos reuniones sobre lo mismo, pero espaciados en el tiempo, así sirven para darle una vuelta e introducir los cambios antes de empezar, no sobre la marcha.

Los proyecto tecnológicos albergan un gran potencial de frustración: Fácil no existe. A pesar de que exista una gran experiencia puedes dar por seguro que va haber imprevistos que a su vez producen dolores de cabeza.

Los integrantes: Si el proyecto requiere trabajar en varias frentes con personas internas y externas se debe de hacer un gran esfuerzo de coordinación. Todos se refieren a lo mismo, lo llaman igual, pero lo entienden diferente. La solución es definir el responsable del proyecto y utilizar mucho mail, correo, Skype, llamada telefónica y reunión física (es lo que mejor funciona).

Los plazos son orientativos: Todos los proyectos suelen durar más tiempo de lo previsto. Imprevistos equivalen a más tiempo y por supuesto un coste adicional. Lo mejor es contar con ello. Toma el presupuesto inicial y añade mentalmente un 10%-20%, así evitas sustos. No olvides de avisar al financiero.

Generan estrés: A la empresa y en los empleados. Cambias el sistema de trabajo y los primeros dos meses el antiguo siempre era mejor. Hay que explicar muy bien a todos las razones del cambio y los beneficios. Hay que ser firme, no hay otra opción, es con lo que y hay que ponerse a trabajar. Haz sesiones de formación interna y sobre todo seguimiento.

El fin es el inicio: Ya está listo todo, pues empieza lo difícil, hacer trabajar a la empresa y compañeros con el nuevo sistema. La depuración de errores en las primeras dos semanas va ser constante. No se puede planificar todo. El día a día nos indicará pequeñas necesidades que no se tuvieron en cuenta. A por ellos.