Allá por el el año 2008 un tal Kevin Marks, ingeniero de Google, en la Future of Web Apps afirmaba que el correo electrónico había muerto.

 

8 años más tarde sigo luchando a diario contra mi bandeja de entrada. Mantenerla al dí­a supone un desafío continuo. El dichoso “inbox-zero” es una utopía.

Antes entendía escribir correos largos era una forma de ser cortés, mostrar más educación y respeto. Sin embargo obviaba cosas como

 

1.) Yo no tenía el tiempo para mantener el estándar en todos mis correos

2.) El que recibía mi correo se encontraba muchas veces en la misma situación de supervivencia que yo, por tanto no tenía tiempo para leer

3.) Escribir correos cortos no necesariamente significa que no sea educado, al menos no corro el riesgo de meter la pata

 

El instinto de supervivencia hace cambiar hábitos. Hoy soy lo más preciso posible, eliminando todo lo que sea prescindible, sobre todo “small-talk” y todas las posibles cortesí­as innecesarias. Otros objetivos:

* Asuntos claros

* Cuanto más corto mejor

* Que siempre contenga un respuesta o un próxima acción

 

Cambiando mi hábito también ha cambiado mi percepción sobre aquellos que escriben correos largos, sobre todo aquellos que escriben biografí­as. En estos casos lo único que pienso es que a estas personas les sobra tiempo y que no están trabajando, porque el que está trabajando no tiene tiempo para escribir correos largos.

En este sentido sigo intentando optimizar mi relación con el correo electrónico. Os iré contando.