Ayudar con cuidado
En los últimos dos días he leído dos libros de Jorge Bucay y de verdad me han encantado y lo recomiendo encarecidamente. He agarrado un cuento que por no hacerlo muy extenso he recortado todo lo que pude sin que perdiera el sentido. Deseo que os guste.
La mariposa
Se cuenta que una vez un niño jugando en el jardín de su casa observo un capullo de gusano colgando de una flor y que de repente vio cómo el capullo se rasgaba y una patita larga asomaba desde dentro, parecía un milagro. Pero, de repente, el milagro pareció tragedia. La pequeña mariposa parecía no tener la fuerza suficiente para romper el tejido de su cápsula. Por más que hacía fuerza no conseguía salir por la pequeña perforación de su efímera casita. Sin poder quedarse quieto y con mucho cuidado el niño abrió una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel. Una vez fuera y tras un buen rato esperando la mariposa no salió volando. El niño fascinado de la madre naturaleza se pasó toda la tarde observando la mariposa esperando que saliera volando, sin embargo la mariposa permaneció inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo y las patitas tiesas hacia el techo.
El abuelo que observaba a su nieto y que durante toda la tarde no entró ninguna vez por casa decidió salir al jardín para ver que es lo que estaba haciendo. El niño angustiado le contó todo lo sucedido y le preguntar qué debería haber hecho para ayudarmejor. El abuelo con mucho cariño le contesto que no había nada más que debería haber hecho, que en realidad la mejor ayudad hubiera sido hacer menos y no más. Las mariposas necesitaban de ese enorme esfuerzo que significaba romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, explicó el abuelo, el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta sangre en las alas, que sí se expanden y la capacitan para volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su cargazón nunca pudo expandir sus alas porque no la había dejado luchar por su vida. El abuelo decía que muchas veces le hubiese gustado allanar el camino de sus familiares y queridos, pero recodaba a la mariposa y prefería dejar a la gente inyectar sus alas con al fuerza de su propio corazón.
Ayudar esta bien, pero siempre con criterio y consiguiendo que el otro salga volando, éste debe de ser nuestro objetivo. ¿Te apuntas?
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